Rafa Ruiz

Rafa Ruiz

Rafa Ruiz es, junto a Andrés Rubio y Manuel Cuéllar, una de las tres patas de Mad is Mad, una de las galerías de arte más interesantes de estos momentos en España. De hecho, el propio Rafa huye de la definición. Su proyecto es más bien un espacio de creación contemporánea, un lugar que sirve de encuentro entre los artistas, los turistas -su principal público- y los locales.

El periodista quería crear un espacio joven y diferente, un formato híbrido que siguiera las tendencias internacionales y se alejara del hiperconsumismo y la figura tradicional del coleccionista de arte. En su apuesta por nuevos artistas emergentes, desde Mad is Mad han tratado de fomentar un arte para disfrutar, en vez de para coleccionar o rentabilizar a largo plazo. Un arte que hable directamente a las emociones y que dote de significado a nuestra vida.

En esta entrevista para Hago Cosas, repasamos la trayectoria de la galería, su puesta en marcha, los planes de futuro y esos consejos fundamentales para artistas emergentes que están buscando su espacio.

PH – Eres uno de los tres socios de la galería Mad is Mad. ¿Cómo surgió el proyecto?

RR – Somos tres amigos periodistas (Andrés Rubio, Manuel Cuéllar y yo) que en el año 2005 decidimos introducir algo de aventura artística en nuestras vidas, para poner un poco de color, juventud y energía en nuestras vidas aparte de la gran empresa de comunicación en que en aquella época trabajábamos los tres. Desde el principio tuvimos claro el formato: galerías de arte ‘serias’ ya había muchas y muy buenas en Madrid; había que apostar por un concepto híbrido, un punto de encuentro de artistas emergentes, con una parte de tienda de objetos de autor, un espacio desenfadado, distinto, más joven, con buen humor, que cubriera ese eslabón que tanto escasea entre exponer en el bar del amigo o el centro cultural de barrio y las galerías más ‘instaladas’.

PH – ¿Cuáles fueron las principales dificultades que encontrasteis para su puesta en marcha?

RR – La inversión, desde luego, para abrir un local en el centro de Madrid, con nula ayuda pública, ni siquiera de exenciones fiscales, y la falta de entendimiento en nuestra cultura hispana hacia los conceptos nuevos, híbridos.

PH – Definís Mad is Mad, más que como una galería, como un espacio de creación contemporánea. ¿Dónde se encuentran los matices y las fronteras entre ambos espacios?

RR – Por todo lo que he dicho antes, porque damos cabida a muy diversos formatos creativos, que nos ayudan a pintar la vida y el entorno de otro color que no sea el gris de la serialización masiva y globalizada del hiperconsumismo acrítico, desde muñecos a acuarelas, desde collages a dibujos, desde fotografía a fanzines.

PH – Mad is Mad está situada en la calle Pelayo, en una zona en la que hay bastantes galerías de arte. ¿Teníais claro que queríais instalaros en el corazón artístico de la ciudad o fue algo que surgió posteriormente?

RR – Siempre tuvimos claro que queríamos instalarnos en el barrio de Chueca-Las Salesas, y sólo ahí buscamos local. Porque es una zona de mentalidad abierta, con bastante flujo turístico, muy céntrica y cómoda, y también con ese puntito de sabor a barrio que tan bien define Madrid, y tanto gusta a los extranjeros.

PH – El nombre de tu galería es un juego de palabras entre Madrid y ‘loco’ en inglés. ¿Cómo se os ocurrió? ¿Era algo que teníais claro en un principio?

RR – Sí, fue como una pedrada, vino todo junto: queremos una galería distinta, queremos que esté en Chueca y que se llame Mad is Mad. No le dimos muchas vueltas, y los tres estuvimos de acuerdo en todo esto rápidamente y al 100%. El nombre de Mad is Mad aportaba ese tono distinto, original, un poco gamberrete, empático, que buscábamos para distanciarnos de las otras galerías y para conectar con todo tipo de públicos, y también de manera internacional. De hecho, nuestros principales clientes son los turistas de otras nacionalidades.

PH – A nivel personal, ¿en qué momento empezaste a interesarte por el arte? ¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?

RR – Desde que estudié Arte en el colegio, sabía que mi vida quería que de alguna manera estuviera ligada al arte. Al final pudo más la faceta periodística, porque lo de escribir aún me tiraba más. Siempre me gustó dibujar, crear, pero como uno no puede abarcar todo y hacerlo bien, como quien mucho abarca poco aprieta, y como el tiempo no pasa en balde, finalmente decidí que, ya que yo no iba a ser artista, sí por lo menos podía servir de vehículo para dar a conocer el talento creativo de los otros. Y eso es precisamente lo que más me gusta de este trabajo, como del periodístico: descubrir gente interesante y contribuir a darles visibilidad.

PH – Os caracterizáis por combinar exposiciones de artistas emergentes con otros más consagrados, ¿cómo se consigue el equilibrio? ¿Es difícil seleccionar a quién darle espacio y a quién no?

RR – Siempre tenemos una cola larga en la programación. Ahora mismo tenemos cerrado ya el calendario hasta primavera de 2018. Nos gusta alternar exposiciones colectivas con otras individuales, distintas disciplinas, nombres más conocidos con otros que exponen por primera vez. He de reconocer que, con el paso del tiempo, el espacio y la ‘marca’ han impuesto su propio carácter, se ha emancipado de alguna manera de sus propios fundadores, y ha adquirido su carácter y su personalidad, incluso por encima de nuestros gustos; así, ahora, en la selección seguimos un criterio muy subjetivo, pero que funciona, y tampoco sabría explicarte muy bien en que consiste, pero sabemos al ver una obra si ‘esto es muy Mad is Mad’ o ‘esto no es nada Mad’. La selección fluye así de una manera muy directa, y casi natural.

PH – En Hago Cosas editamos trimestralmente Flamantes, un catálogo de jóvenes artistas que distribuimos por galerías de toda España. ¿Qué consejos darías a estos artistas para que pudieran hacerse un hueco en el mercado del arte?

RR – Tener una personalidad propia marcada, trabajársela, no solo a la hora de crear, sino de marcar trayectoria, de elegir dónde exponer, en la manera de moverse en redes, en precios, no andar a tontas y locas y dando bandazos, tener la autoestima alta pero también la humildad necesaria para ‘cultivarse’ y alcanzar un equilibrio… E investigar formatos. El público cada vez pide más ‘objetos’ que integrar en sus casas. No todo pueden ser fotografías y lienzos de 1 metro x 1 metro. Hay que tener cierta astucia a la hora de dar salidas a las líneas creativas, para dar a conocer los trabajos e ir escalando peldaños de visibilidad y prestigio. Puedo hacer un fanzine con mi obra antes de pretender colgar mi serie de lienzos en una galería, por ejemplo.

PH – ¿Crees que iniciativas como la de Flamantes favorece la visibilidad a esos nuevos artistas que, por desconocimiento, pueden quedarse fuera de las galerías y los espacios de creación contemporánea?

RR – Es que son miles los artistas que están ‘pululando’, buscando un espacio; la competitividad es muy grande, y hoy en día la saturación de mensajes que nos llegan desde todas partes nos puede producir ‘infoxicación’ y bloqueo, así que todo lo que sean medios con criterio para seleccionar artistas y proyectarles, bienvenido sea.

PH – En la actualidad exponéis ‘PIB, Producto/Idea/Objeto’, ¿qué puedes contarnos sobre la exposición?

RR – Dentro de nuestra línea de dar cabida a formatos muy distintos, ‘PIB’ responde bien al espíritu Mad is Mad; se trata de una exposición colectiva que muestra el camino recorrido desde las Bellas Artes hasta formatos comerciales como pueden ser muebles, pañuelos, joyería, telas… Acoge las propuestas de María Ramírez, Berta Salinas, Pulpa-Pulpa y Canoa. Y es por nuestra parte toda una declaración de principios, de la que no nos hemos salido en los 12 años que acabamos de cumplir: que el arte es una manera de pensar y estar en el mundo, y no se ciñe a unas fórmulas pre-establecidas.

PH – ¿Cuál ha sido la exposición en Mad is Mad con la que te sientes más identificado? ¿Y la que más te haya impactado?

RR – Tantas… Identificado, con todas… Por Mad is Mad han pasado ya unos 250 artistas en estos 11 años. Así que te contestaré diciendo que nos sentimos orgullosos de que en Mad is Mad hayan dado sus primeros pasos expositivos artistas tan, tan, tan reconocibles hoy día como Paula Bonet, Olga de Dios, Ricardo Cavolo, Manuel Marsol, Aitor Saraiba, Rubenimichi, Andrés Jaque, Izaskun Chinchilla, Elena Alonso, Luis Vassallo…

PH – ¿Puedes adelantarnos algo de lo próximo que podremos ver en Mad is Mad?

RR – Tras ‘PIB’ (con nosotros sí que sube el PIB de este país), acogeremos en noviembre una muestra de libros de autor, comisariada por Diego Lara, con las propuestas en papel de 15 artistas cercanos a Mad. Esta exposición es muy importante para nosotros porque supone, coincidiendo con nuestros 12 años, el lanzamiento de nuestro propio sello editorial, MadLibro, centrado en obras con un fuerte componente artístico. Y luego vendrá nuestra propuesta navideña, que por cuarto año consecutivo, y con comisariado de Javier Pizarro, apuesta por los ilustradores infantiles.

PH – Mad is Mad ya se ha convertido en una de las galerías de referencia en Madrid. ¿Qué futuro te gustaría que tuviera en los próximos años?

RR – Seguir otros 12 años sin desviarnos del concepto que diseñamos al principio, de apoyo a los creadores emergentes y de democratización de lo que entendemos por arte, pero, eso sí, con capacidad para atraer más público. Aunque dicho así, me da mucho vértigo pensar en el 2027… (Risas)

PH – Y, para acabar, pasemos al ámbito general. ¿Cuál es tu visión sobre la situación actual del mercado del arte en España? ¿Qué se podría hacer para mejorarlo?

RR – Yo creo que seguimos sin salir de esquemas demasiado tradicionales. Es curioso cómo asistimos a una evolución que ha hecho que las sociedades de 2017 nada se parezcan a las de, por ejemplo, 1867, y, sin embargo, en algunos conceptos, como la pareja y el arte, seguimos embarrados en términos muy clásicos y a menudo obsoletos. Sigue sin entenderse que el arte, como la cultura en general, es algo que debemos introducir en nuestras vidas cotidianas. Yo cuando oigo hablar del nuevo coleccionismo, me hecho a temblar. Está bien que haya coleccionistas, desde luego, pero no podemos seguir haciendo los mismos planteamientos que en el Renacimiento. Si el arte debe seguir dependiendo del coleccionismo, es que no hemos entendido nada. En las sociedades 2.0, el arte, y repito, la cultura en general, debe estar presente en nuestro día a día, para hacernos más libres, distintos, personales, para alejarnos del esquema de seres estandarizados que esta sociedad del híperconsumo y del hípercapitalismo nos mete con calzador. No hablemos del mercado del arte, no hablemos de las ferias de arte; son conceptos que no van con el espíritu Mad is Mad. Hablemos de arte y llevémoslo a casa, sin ánimo de coleccionar, sino solo -y tanto- de disfrutarlo.

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